Sorteos

Templo del Buda de Jade

por Carla (20 mayo 2009)

En China existen tres tipos de creencias tradicionales o “san jiao”: el confucionismo, el taoísmo y el budismo. De estas tres, las dos primeras son autóctonas. El budismo, en cambio, llegó desde la India, hace unos dos milenios, a través de la ruta de la seda.

Tras visitar varios templos de la ciudad antigua, un español que lleva aquí viviendo varios años, nos recomienda el Templo del Buda de Jade como el más espectacular de los templos de la ciudad. Así que, sin pensarlo dos veces, nos ponemos en ruta hacia la orilla oeste del río Suzhou.

Según nos cuenta la guía, la historia de este templo se remonta a 1882, cuando un monje de la isla de Putuoshan llevó dos imágenes de Buda hechas de jade desde el norte de Birmania. De estilo tradicional y con cinco preciosos patios con colección de bonsáis y estanque de carpas de colores (que comen de tu mano) incluidos, este lugar es uno de los templos budistas más activos de todo Shanghai.

En los patios, junto a las imágenes de buda o en los altares, los devotos se desviven en ofrendas. Desde comida para los budas del pasado, presente y futuro, hasta quema de ramilletes de barritas de incienso o grandes velas con forma de flor de loto. Abstraídos en sus rituales, la vida religiosa de los shanghaineses discurre en todo su esplendor, ajena a los flashes y a las miradas curiosas de los turistas.

Tras un paseo por las diferentes estancias, llegamos a la sala del Buda de Jade. Allí,un monje de cabeza afeitada y toga amarilla nos indica amablemente que guardemos la cámara. Frente a nosotros, un imponente Buda de jade blanco nos sonríe. Sus dimensiones de 1,92 metros de alto y 1000 kilos de peso son sobrecogedoras. A su alrededor, en estantes de toda la sala, pequeños budas dorados de sus seguidores más devotos. Un honor reservado a aquellos más afortunados con un precio de aproximadamente 3000€ por ocupar un espacio. Sin budita colocado, pero con una paz difícil de explicar, abandonamos el lugar sagrado.

Una vez ya en el patio y antes de perdernos en el mercado de seda que nos espera a la vuelta de la esquina, compramos un trozo de cinta roja, escribimos nuestro deseo y, como uno más de los asiduos al templo, lo atamos en uno de los dragones de piedra que lo protegen. ¡A ver si tenemos suerte!

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Sobre la autora
Carla

CarlaSoy Carla de Privalia. Escribo en este blog desde 2015 y estoy aquí para hablaros de moda real, de trucazos para sacar partido a nuestro estilo y para ayudaros a cazar tendencias al mejor precio.

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